martes, 6 de octubre de 2009

Y...

y que pasa si solamente estoy cansada?
y que pasa si realmente necesito un par de días?
y que pasa si simplemente quiero olvidar un rato?

pasaría que me dirían floja
pasaría que me considerarían patuda
pasaría que me lo recriminarían

tantas cosas por unas horas de soledad...
sin ser pareja, madre, hija, hermana, sobrina, amiga, periodista, solo yo, un rato... olvidando la gordura, los dolores ajenos, el hogar inmaculado, el chiste esperado...

me quedan grandes los dolores de mis padres, sus -por primera vez advertidos- mutuos colapsos ¿cuándo se olvidaron? ¿cuándo se convirtieron las cotidianeidades en las excusas para perderse?

me queda grande la tristeza profunda, estremecedora y sin esperanza de mi tía querida que insiste en sucumbir.

me queda grande la adolescencia de la Javiera, su crecimiento, su futuro, su agotador padre.

me queda grande ser hermana rabiosa, molesta por la fraternidad ingrata y las ignorancias de afectos.

me queda grande la soledad de mi tatita, su luto guardado y su dignidad intacta.

me queda grande ser amiga porque me cansa hacer visitas, llamar por teléfono y estar siempre contenta

pero lo que más me queda grande en este momento es ser compañera de Pablo, porque ando triste, porque me siento fea, porque ando idiota, porque apenas yo me aguanto y él lo intenta a cada rato, insiste, me busca, me quiere y me contiene...

y aguanto...
pero me canso

domingo, 16 de agosto de 2009

eliana

Tengo los dedos más rápidos desde que oficio de periodista, los mismos tres que ocupo desde que decidí no usar más el lápiz. Pero tengo la mente tullida de tanto robar informaciones de cosmopolitas colegas.

Lo peor es que tengo el corazón narrativo estancado y la catarsis que me provocaba escribir ha mutado en verborreicas técnicas y categorizaciones que me avenguenzan a la hora de rescatar una noticia.

En fin... la pluma tiene seca la tinta... habrá que cargarla y como funciono sólo en base a aefctos, emociones, aweonamientos y mamonerías, creo que mi abuela es una buena excusa para retomar el ejercicio que cura inexorablemente mi mediocridad.

Desde el 24 de marzo, cuando a mi Nana se le ocurrió escapar "literalmente" del consultorio de Molina, donde superaba su última crisis producto del cáncer pulmonar que la afectó, ya no soy la misma. Y es que morirse fue una pésima decisión. Egoísta, débil, cobarde... quizás, también estaba cansada.

Aún tengo rabia, aún me cuestiono, aún no lo asimilo, aún lloro.

"No tomes tanta cerveza, no fumes, plánchale la ropa a Pablo, ubícate ya eres una mujer, no tienes la edad de tus hermanos, adelgaza, te van a dejar otra vez por eso". Agotadora majadería que incluso extraño.

Tengo miedo desde entonces, a otra muerte, a otra pérdida, a no tener tiempo, a aferrarme tanto como hasta ese día, de hecho, creo que casi por inercia he intentado en estos cinco meses alejarme un poco de mi familia, o más o menos... o mucho, no sé...

Una paradoja para quien ha sucumbido sistemáticamente y a conciencia, a las presiones manipuladoras de un madre y una abuela extremadamente aprehensivas y responsables de la unidad del extraño grupo de engendros consaguíneos que disfrutan hasta la embriaguéz de las anécdotas compartidas alrededor de una mesa llena de comida, vino, cervezas y ceniceros.

Como te extrañamos Nanita... está coja la mesa, no hay caso, todavía se me pegan los tallarines, mi Tata no siempre combina bien su ropa, el Wlady insiste en conseguir el punto de tu carne a la cacerola, mi mami no hace pañitos a crochet, la Javi ya no tiene ropa nueva para sus muñecas, a mi papá no le llevan desayuno a la cama, el Marco y el Zorra no tiene a quien agarrar pal chuleteo, mi tío no tiene ningún partner abstemio para las juntas, la tía Lore llora a su perrita, el viejo ya no cuenta y la Vivi a veces tiene "hielo".

Esta muerte tuya por ser!!! tan desubicada, tan inmedita...