No podía dejar de pensar, no sabía que hacer y como si fuera poco, confirmaba esa teoría diáfana de creer que estaban todos tratando de decidir por mi; en las noticias me enteraba que una vez más en esta ‘república democrática con libertad de credo’, un par de prejuiciosos, intolerantes e irrespetuosos honorables decidían que las mujeres no tenemos derecho a decidir si usamos o no la píldora del día después, ignorando completamente que hace rato optamos por tomar decisiones propias (¿?).
La Javi llegó del colegio y le conté que había hablado con su padre y que ‘habíamos decidido’ que no iría que podía ir pero que la iría a buscar a la una de mañana. Su mirada me destrozó, me odiaba, tenía tanta rabia… “¡pero mamá! si en la mañana me dijiste que si, porque cambias de opinión, porque si la familia de la Francisca no es mala, porque si mis amigas son buenas, por qué, por qué, por qué…” Lloró por 2 horas sin parar, cuando nos fuimos a casa de propuse caminar (intento desesperado porque agarrara aire, se calmara y se le deshincharan sus ojitos). No hablamos en todo el camino, una cuadra antes de llegar me dijo que quería ir y que aceptaba que la fuera a buscar a la una.
Compramos la bebida, las cabritas, se lavó la cara, se vistió con su mejor pinta, se puso aros colgantes, se cruzó su bolso calipso y me dijo “¿qué te pasa, por qué todavía estás triste?” Fue ahí y por segunda vez en el día en que me fui a la cresta (o quizás volví de ahí) y le dije; “estoy muerta de miedo hija, no sé si hago lo correcto a veces, no sé si soy muy aprehensiva y no te dejo crecer como corresponde o si soy muy relajada y me despreocupo, no sé si lo estoy haciendo bien, no quiero equivocarme… no contigo…”
La Javi me miró con tanto amor que supe de inmediato que me había entendido, que era feliz, que le gustaba como mamá y que pese a que como preadolescente me detesta bastante seguido, me ama y por sobretodo quiere que sea sincera con ella.
Mi hija reconstruyó en ese momento la seguridad que había perdido, eso me hizo recordar que no necesito que me digan como controlo mi fecundidad. Hace como 6 años en la universidad me dieron un folleto que hablaba de una anticoncepción de emergencia [1] La he usado un par de veces porque, sin remordimientos proféticos asumí que sólo yo soy responsable de mi cuerpo y no los poderes del Estado.
Hay días que empiezan mal y terminan redonditos hay otros en los que pareciera que nada pasa y los perdemos. Hay días para todo y para todos, pero en cada uno de ellos, sólo la Javi me da la certeza de que la pega de mamá no me queda tan grande…
[1] Hay que elegir entre las siguientes pastillas; Nordette, Microgynon, Anovulatorios microdosis; tomar 4 píldoras antes de 72 horas tras haber mantenido relaciones sexuales, 12 horas después tomar las otras 4. La píldora del día después no es más que la concentración de estas 8 pastillas en sólo 2 píldoras. Es el mismo componente (Levonorgestrel), se compra en cualquier farmacia, sin receta. Valen muy baratas y te alcanza para 2 ocasiones. A algunas les provoca nauseas y ganas de vomitar, porque es un golpe hormonal fuerte y probablemente se irregularice el período, pero salva en caso de que algo no pronosticado pase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario