Tratando de comprender porqué nos pasan ciertas cosas, porqué actuamos de cierta manera y porqué siempre vamos por la vida temiendo, Carmela y Kafalda creamos este texto y quisimos compartirlo con quien pase por aquí.
“Bajo el cielo de las Cien águilas
Descalzos, con las historias a medias en el bolsón
Empuñando la mano, entonamos coros ajenos”
Con perfil de huachos no reconocidos, nacimos entre 1973 y 1976 los hijos de Pinochet. Educados, adiestrados, domesticados y criados bajo la supervisión castrense, mano vertical de la dictadura.
¿Se olvidaron de nosotros? Sí, definitivamente. Olvidaron que teníamos derecho y sapiencia para escuchar discursos y no susurros, para leer entre líneas y no memorizar, para contextualizar y no adivinar, para cuestionar sin necesidad de temer.
Generación temerosa, cobarde y subordinada, generación de los testigos mudos adoctrinados en el silencio, chupando limón bajo la cama al compás de una orquesta de ollas, sirenas, disparos y gemidos. Tuvimos tanto miedo y tan poco consuelo.
Los adultos estaban demasiado ocupados, cada uno en lo suyo; el análisis, la lucha armada, la rebelión intelectual, la oración, la caridad, la protesta del arte, el discurso social, mientras nosotros, en la escuela, perfectamente uniformados y peinados entonábamos de memoria “Vuestros nombres valientes soldados que habéis sido de Chile el sostén...”
Narcotizados en la ignorancia, detenidos en la conformidad. Ni fascistas de campos de concentración, ni clandestinos del Soviet. Ni hippies, ni punkies. Ni dirigentes universitarios, ni gremialistas. Ni ateos, ni legionarios. Ni chicha, ni limoná.
Y fuimos mujeres y hombres que no supimos pisar la tierra fértil del país libre. Que inmensas nos quedaron las Grandes Alamedas. Nos hicimos adultos en medio de una curiosa transición, confirmando que sólo fuimos una ratona inflexión en el tiempo. Paréntesis entre la generación de tíos y padres democratizadores y hermanos e hijos en la revolución pingüina.
Medio borrachos, medio ateos, medio frustrados, medio ignorantes, medio tristes, medio desilusionados, medio mediocres, medio pesimistas, medio cobardes, medio felices, medio soñadores. Enteramente, hijos de Pinochet.
Algo que si aprendimos y bien, fue a cantar
1 comentario:
No muy gratos recuerdos, pero reales. Lo que no me parece es el constante manoseo a un hecho doloroso presente en la mente de todos los chilenos, sin exepción. Es cierto que estas cosas que pasan no debemos olvidarlas, para que no vuelvan a ocurrir, pero muy diferente es vivir en el pasado,como lo escuchamos en la tele, la radio, los blogs y sobre todo en la politica.
Miremos hacia adelante y ayudemos a tirar nuestro pais pa´rriba.
Viva Chile Mierda!!
Un abrazo.
Edu.
Publicar un comentario